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Libro de Coro

La Biblioteca de México conserva tres libros de coro en la bóveda de su Fondo Reservado. Uno de ellos ha salido a la luz y se trata de una obra bibliográfica de manufactura artesanal en gran formato, manuscrita en pergamino, con tinta(s) negra, roja y azul. La obra no está fechada, es anónima, no tiene títulos, epígrafes, rúbricas o colofón, que ofrezcan datos de su origen, autoría o temática.

El solitario libro de coro en la Biblioteca de México

 

Libro de coro uno de los más antiguos del país

Con la idea de difundir el rico y valioso acervo bibliográfico que resguarda la Biblioteca de México se presentó en el Foro Polivalente Antonieta Rivas Mercado la exposición El solitario libro de coro de la Biblioteca de México.

Quienes visitaron El solitario libro de coro de la Biblioteca de México realizaron un viaje en el tiempo y descubrieron la historia, origen, concepto y uso de este libro de coro, el contexto en el que fue utilizado, los cantos que contiene, descubrieron a las personas que participaron en su elaboración y se asomaron al tamaño, diseño y temática.

“Se trata de una pieza única que conservamos en México y que la Biblioteca de México sacó de su caja fuerte, porque es uno de sus tesoros. Este es el libro de coro más antiguo y puedo decir que es el abuelo de todos los demás”, detalló Silvia Salgado, curadora de la exposición. “Es un libro aproximadamente del siglo XVI y posiblemente de manufactura sevillana, traído a Nueva España o hecho aquí en México pero con toda la tradición sevillana”. “La exposición está enfocada al público que no lo conoce o tiene idea de cómo son estos volúmenes, ya que no es fácil tener acceso a ellos. Además del libro original, se incluyen fotografías para evitar su manipulación que por su estado de conservación no se permite”, pormenorizó en entrevista Laura Chávez Payró, museógrafa de la exhibición.

 

Entrevista
Laura Chávez Payró

Origen, concepto y uso

Texto de Silvia Salgado Ruelas*

 

El origen de los libros de coro o cantorales se remonta a la Edad Media. Su práctica se alimentó del muy antiguo cántico hebreo, pero sus primeras menciones se dirigen a San Gregorio Magno (ac. 540 - 604), a quien se atribuye la creación del canto gregoriano por inspiración del Espíritu Santo; independiente de la leyenda, lo que sí llevó a cabo fue la recopilación de la música coral litúrgica producida hasta su época y de ella derivaron los libros de coro, como obras bibliográficas, por mucho tiempo manuscritas, de contenido litúrgico y musical, usadas para alabar las creaciones divinas y fortalecer las prácticas rituales de la Iglesia. Conforme avanzaron los siglos en Europa, los libros de coro crecieron en tamaño y volumen, así como sus usuarios, los cantores o coristas quienes aumentaron numéricamente en torno al facistol o gran atril colocado en el centro del coro de los monasterios, catedrales o templos. Del canto gregoriano se desprendió una variante conocida como canto llano o plano, referido al canto monótono o unísono, el cual se encuentra plasmado en el libro de coro de la Biblioteca de México.

 

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Entre los siglos XVI al XIX, en la Nueva España y el México Independiente se elaboraron, circularon y usaron libros de coro manuscritos e iluminados para la liturgia o ritual de la Iglesia católica. Durante el siglo XVI, las primeras obras fueron trasegadas desde Sevilla para el uso catedral o conventual, pero paulatinamente se consolidó la cultura escrita, musical y visual proveniente del Viejo Mundo, factor que propició la producción material de tales obras por los migrantes peninsulares y los habitantes novohispanos, quienes transcribieron los contenidos rituales aceptados por la Iglesia católica y aplicaron en sus obras los estilos artísticos de su época. Al final del XVI y a lo largo del siglo XVII, los moradores de México elaboraron sus cantorales conforme a los modelos europeos, pero integrando el hacer y los modos propios del país. En esa época sobresalió el maestro y compositor mexicano de canto polifónico Francisco López Capillas y en el siguiente siglo destacó Manuel de Sumaya. En el siglo XVIII se desarrolló una época de luces y sombras para los libros de coro virreinales, en el que participaron cabildos, mecenas, copistas e iluminadores, en favor de un artefacto cultural antiguo que traspasó el límite del siglo y siguió un camino paralelo al de la imprenta industrial, hasta el final del siglo XIX. El libro de coro manuscrito más reciente se localiza en la Catedral de México, fechado en 1899, pero podemos encontrar otros en Puebla, Durango, Guadalajara, Oaxaca o San Cristóbal de las Casas.

 

Artesanos y artistas del libro

¿Quiénes hacían los libros de coro? Varios artesanos y artistas del libro participaban en la elaboración de los cantorales. En principio se necesitaba del pergaminero o del papelero que aportaba el soporte de la escritura. También colaboraba el tintorero que hacía las tintas y pigmentos que se aplicaban en la escritura, ilustración y decoración de los libros. El amanuense o copista debía conocer su oficio para elaborar sus instrumentos de escritura, organizar la estructura del volumen y de cada página, además de copiar adecuadamente los textos escritos y musicales pertinentes. El iluminador tenía que dominar los estilos caligráficos y artísticos, así como los temas históricos que se requerían para ilustrar y ornamentar la obra. El ligator o encuadernador debía comprender y seguir adecuadamente las instrucciones para unir y coser los folios, para cubrir y proteger el volumen. A diferencia de otras obras bibliográficas, los libros de coro no eran productos en venta de libreros o de mercaderes de libros, ya que su manufactura se realizaba por pedido expreso y por gestores enviados a los centros productores.

El libro de coro de la Biblioteca de México

La Biblioteca de México conserva tres libros de coro en la caja fuerte de su Fondo Reservado, que esperan ser estudiados. Uno de ellos ha salido a la luz y se trata de una obra bibliográfica de manufactura artesanal en gran formato, manuscrita en pergamino, con tinta(s) negra, roja y azul. Se trata de un volumen facticio, posiblemente con dos cuerpos de libros, sus textos están inscritos en latín, por dos amanuenses principales, que copiaron las escrituras aprobadas por la Iglesia católica, especialmente con lo acordado en el Concilio de Trento (1543­1565); más otros dos que copiaron respectivamente dos folios insertos a la mitad y que unen los dos libros referidos. El texto está raspado y reescrito como palimpsesto, es decir, como un texto escrito sobre otro borrado, posiblemente por correcciones que el movimiento de la Contrarreforma llamó el Nuevo Rezado. La obra no está fechada, es anónima, tiene un título a la mitad del volumen, referido al Adviento, pero no es contemporáneo de la obra sino posterior, así como epígrafes, rúbricas y una descripción del contenido al final del volumen, por lo que se ha tratado de entender los indicios detectados, y se observa que el estilo caligráfico y ornamental está emparentado con los libros corales de manufactura e impronta sevillana, del siglo XVI que se conservan en la Catedral de México y en la Biblioteca Nacional de México. Además, hay notas de taller puestas al lado de las letras iniciales principales y secundarias que indican al iluminador qué debe escribir y ornamentar, lo que nos remite a una tradición medieval heredada por los artesanos y artistas del libro manuscrito moderno, contemporáneos de la imprenta tipográfica. Otro de los elementos notables es el de las signaturas topográficas inscritas en los márgenes derechos inferiores de las páginas 113 a 196 que orientan al encuadernador sobre la secuencia que debe observar al coser los cuadernos y que también remiten a prácticas pretéritas. Recordemos que los libros antiguos, anteriores al año 1801 o al siglo XIX, se elaboraban artesanalmente, uno por uno, y cada cual debía tener las indicaciones suficientes para poder ser producido por muchas manos. El cantoral de la Biblioteca de México era una obra muy usada en su tiempo, ya que se trata de un libro de misa, al que se recurría todos los domingos durante seis meses, desde el octavo domingo posterior a la celebración del domingo de la Santísima Trinidad, que tiene lugar el domingo después del Pentecostés (mayo o junio), hasta el último domingo previo a la Cuaresma (febrero). La ornamentación del cantoral se concentra en las letras iniciales principales y secundarias taraceadas o simples, en negro, rojo, azul y fondos afiligranados. Su estilo es geométrico y orgánico, no hay miniaturas, historias o figuras, ni aplicación de oro. Si bien la decoración resulta agradable a los sentidos, no se debe perder de vista que su función era la de organizar el texto litúrgico y musical para que se interpretara correctamente. Actualmente el cuerpo del libro está compuesto de 159 folios de pergamino, cosidos con siete nervios, sin encuadernación. Anteriormente había 197 folios más uno no numerado al principio, pero el volumen sufrió varias mutilaciones que provocaron pérdidas irreparables y fracturas en su estructura, que significaron inclusive la pérdida total de su cubierta. Como reflexión final de esta breve noticia, se puede destacar que estamos ante el descubrimiento importante de un libro de coro que puede ser uno de los más antiguos que se conservan en una colección pública del país. Enhorabuena por la Biblioteca de México.

*Investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la UNAM

 

Concierto Coro Melos Gloriae

Coro mexicano de Canto Gregoriano y Polyfonía Clásica Novohispana

 

Programa Musical

Nombre de la obra

Escuchar

Aufer a nobis. Motete a 4 voces para las fiestas de la Virgen María. Francisco López Capillas (1614-1674).
Omnes de Saba venient. Gradual de la Fiesta de la Epifanía. Modo V. Libro sevillano.
Alleluia. Vidimus stellam eius. Fiesta de la Epifanía. Modo VII. Libro sevillano.
Reges Tharsis. Antífona del Ofertorio de la Fiesta de la Epifanía. Modo V. Libro sevillano.
Peccantem me quotidie. Responsorio VII del Officium Defunctorum. Hernando Franco (1532.1585).
Benedictus es, Dómine. Tracto del Sábado de las Témporas de Septiembre. Modo VII. Libro sevillano.
Super flúmina Babylónis. Antífona del Ofertorio del Domingo XX de Pentecostés. Modo I. Libro sevillano.
Alleluia. De profundis clamavi ad te. Domingo XXIII de Pentecostés. Modo VII. Libro sevillano.
Ádjuva nos, Deus. Responsorio para el Tiempo de Cuaresma. Antonio Rodríguez de Mata / Francisco López.
De profundis clamavi. Antífona del Ofertorio del Domingo XXIII de Pentecostés. Modo II. Libro sevillano.
Exsurge, quare obdormis. Introito del Domingo de Sexagésima. Modo II. Libro sevillano.
Ante diem festum Paschae. Antífona para el Mandato del Jueves Santo. Francisco López Capillas.